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Xavier Vargas Pardo

Nació en Tingüindín, Michoacán, el 11 de septiembre de 1923. Realizó estudios en la Escuela de Artes Plásticas de la Universidad de Guadalajara. Como pintor llevó a cabo varias exposiciones con éxito.
Laboralmente se desempeñó en compañías de publicidad, tanto en nuestro país como en los Estados Unidos de Norteamérica. Al final de su vida laboró para Kodak México en la ciudad de Guadalajara Jalisco.

Vargas Pardo desarrolló la capacidad para escribir textos literarios ganando el Premio del Cuento del Periódico El Nacional. A inicios de los años 60's escribió su única obra: Céfero. Un libro de cuentos donde utiliza un estilo literario que rescata linguísticamente modismos purhépechas de Michoacán.

Escribió otro libro de cuentos, pero nunca quiso publicarlo porque no le concedió la calidad del primero.

Fue contemporáneo y amigo de Juan Rulfo, Edmundo Valadés, Juan José Arreola y Alí Chumacero, entre otros. Vargas Pardo frecuentó los círculos intelectuales de la ciudad de México pero no se posicionó como un escritor profesional. Escribió Céfero y le pareció que esa obra era su contribución a la Literatura Mexicana. Siempre estuvo consciente de la trascendencia del trabajo que desarrolló y supo que con los años -aunque la edición se agotó, y él no hizo esfuerzo alguno para su reimpresión- su obra sería rescatada y revalorada. La primera edición se imprimió en 1961 por el Fondo de Cultura Económica. La segunda se hizo en el año 2002 por Editorial Los Reyes. En el 2004 el Fondo de Cultura Económica hace una reimpresión, y la tercera edición se imprime en el 2011 por la Secretaría de Cultura de Michoacán.

En esta tercera edición, las ilustraciones son del mismo Xavier Vargas Pardo. El diseño y formación son de Paulina Velasco Figueroa, y la captura de textos fue realizada por Oyuki González Reyes. La presentación de esta edición la hace el Mtro. Jaime Hernández Díaz, Secretario de Cultura en ese momento.  

Sus últimos años los dedicó a dibujar una extensa obra de pequeñas viñetas, las cuales obran en poder de su familia.

Xavier Humberto Vargas Pardo falleció en Guadalajara, Jalisco, el 22 de mayo de 1985. 
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El siguiente artículo sobre Vargas Pardo fue publicado en "www.lahuesuda.com".

Qué orilla a un escritor a renunciar a escribir. Qué lo obliga a decir “no”. El asunto es muy complejo, a Juan Rulfo, después de que publicó Pedro Páramo y El Llano en llamas, los periodistas, entrevistadores y cientos de curiosos, a la primera oportunidad, le preguntaban por qué había dejado de escribir… y él sabiamente les contestaba: Yo no he dejado de escribir, he dejado de publicar.

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José Rubén Romero

José Rubén Romero
José Rubén Romero es uno de los escritores más populares y simpáticos del México de nuestro tiempo. Con vivacidad, con gracia y con picardía, a las que agrega un fondo de sentimiento y humana comprensión, nos ha dado una visión palpitante y pintoresca de la vida de la provincia mexicana, en particular del Estado de Michoacán, que tiene, en sus valores humanos, una cierta universalidad.

Su estilo es de gran sencillez, y en él se mezclan dos corrientes sanas y vivificantes: la corriente popular, que en el uso diario va forjando frases pintorescas y elocuentes, con algo de la flexibilidad y el sabor de un refrán, y la corriente culta, en cuya disciplina el escritor, a ejemplo de los clásicos, aspira a una facilidad y a una fluidez que, al mismo tiempo que hace transparente su pensamiento, atrae, como una cortesía, al lector.

José Rubén Romero ocupa un lugar importante dentro de la gran tradición de novelistas mexicanos que han escrito principalmente para regocijo y entretenimiento del público lector; escritores que a los éxitos puramente académicos  prefirieron siempre la comprensión y la simpatía de los que buscan en la lectura, más que información o ciencia, un momento de solaz y esparcimiento. Noble tradición a la que nuestra literatura debe algunas de sus obras más famosas: El Periquillo Sarniento, de José Joaquín Fernández de Lizardi (1776-1827), Astucia, el jefe de los hermanos de la hoja, de Luís G. Inclán (1816-1875), Los Bandidos de Río Frío, de Manuel Payno (1810-1894), hasta llegar a los sutiles cuadros de costumbres de Ángel de Campo (1868-1908) y las narraciones más conmovedoras de la Revolución Mexicana.

Romero ha logrado enriquecer la galería de tipos mexicanos que, más por sus defectos que por sus virtudes, ha ido sancionando el gusto y la imaginación populares. A esa galería, formada durante siglo y medio —que inauguran gloriosamente “El Periquillo Sarniento” y “Don Catrín de la Fachenda”, de Fernández de Lizardi, y que llega en nuestros días hasta el “Canillitas”, de Artemio de Valle Arizpe— ha contribuido José Rubén Romero con el famoso Pito Pérez, que después de divertir a los lectores de los libros en que se cuentan sus debilidades y sus ocurrencias, ha pasado a la vida de la pantalla para deleite de los públicos del cine mexicano, dentro y fuera de México.

La obra de José Rubén Romero, fácil, entretenida, humana, con rasgos de picardía y luces de sentimiento, con la filosofía y la piedad que la vida, y el escepticismo y la ironía que destila la experiencia, tiene un lugar en el fondo permanente de la literatura mexicana, y así como deleita ahora a sus lectores, se puede predecir que seguirá deleitando a todos los que quieran conocer y explicarse nuestra alma, nuestra vida y nuestras costumbres.

Dr. Antonio Castro Leal

No es difícil encontrar en Internet información biográfica sobre este escritor, pero creo que la mejor forma de conocerlo es leyendo sus novelas. En ellas, él mismo nos cuenta, con su característico estilo narrativo, su vida y sus andanzas en las distintas épocas de su vida; desde su infancia, hasta su madurez.